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Calle 12 Norte 1400-1600

Hugo Leicht

En el plano de Medina —1754— se ven cerca del Calvario baños y manantiales, cuya agua, formando dos derrames, va directamente al río, y que, con el nombre de Almoloya, se mencionan varias veces en el siglo XVIII. En 1704 escriben que en el barrio de S. Francisco y doctrina de Sta. Cruz existe una casa en que hay tres manantiales de agua junto al lavadero del río de S. Francisco, calle que baja a —del— S. Juan del Río, linde con callejón de la casa de Bartolomé de Narval; en 1709, que en un solar eriazo, situado al pie de la iglesia de S. Juan del Río, estaban unos ojos de agua; en 1722: orillas del río donde asisten las lavanderas, que llaman Almoloya y hace frontero al molino del mayorazgo de Joseph Pérez —molino de S. Francisco—; en 1735: el ojo de agua dulce de Almoloya; en 1783: los ojos de agua de Almoloya, situados al final de la calle que baja de S. Juan del Río.
Veytia —1780— refiere que había 4 manantiales abundantes, suficientes para abastecer toda la Ciudad, pero que por estar tan bajos, a menos de 100 varas del río, se utilizaban únicamente para lavar ropa, acudiendo muchas lavanderas. Entonces los manantiales pertenecían a la ladrillera de la Bóveda —véase Pl. Antuñano, aunque en la Cartilla Vieja —1781— los lavaderos de Almoloya figuran entre los propios de la Ciudad. Hoy el agua se eleva por bombas al recipiente del cerro de Loreto y forma una parte importante de las aguas potables de que se surte la población.
Los dichos lavaderos subsistieron aún en 1863, cuando el Ayuntamiento mandó que se destruyeran los mal formados lavaderos a orillas del Paseo Viejo, prohibiendo que lavasen allí. Ya en 1815 se escribió que los lavaderos públicos de Almoloya se están cayendo, debido al poco declive de la azotea.
Según Bermúdez de Castro —1746—, los naturales iban al ojo de agua de Almoloya a celebrar el día de S. Juan Bautista, a quien está dedicado el templo vecino de S. Juan del Río, así como lo estaba la antigua capilla de los naturales en el atrio del convento de S. Francisco.
El nombre de Almoloya, en azteca, (náhuatl) el agua que brota, no se aplica únicamente al manantial, sino a todo ese rumbo al Poniente de S. Juan del Río. Así, por ej., leemos: el paraje de Almoloya linda al Oriente con la plazoleta que está enfrente de S. Juan del Río —1813—. También el sitio donde se hallaba la ladrillera de Carranza, hoy Colonia Osorio, se llamaba el paraje de Almoloya —1834—. Cuando se instaló, abajo del Calvario, el Paseo, tomó éste el mismo nombre: Paraje de Almoloya y Paseo Nuevo —1788—, el Paseo de Almoloya —1801—, el Paseo que antes se nombraba Almoloya —1835—. Una Calle de Almoloya en este rumbo se cita en 1780, tal vez una de las mencionadas en la Calle de Adán.
A la parte colindante del río de S. Francisco dicen río de Almoloya en 1709 y el padrón de 1792.
De lo expuesto resulta que el nombre de Almoloya no tiene ninguna relación antigua con la plazuela al Sur de la iglesia de la Cruz.
La parte oriental de la manzana grande, al Oriente del Paseo hoy de Hidalgo, data de la segunda parte del siglo XIX. En 1807, según el plano de Santa María, existían aquí tres manzanas chicas, que en 1849, según el plano de Ordóñez, estaban unidas, formando una faja sumamente estrecha, que se extendía entre las Avdas. 14 y 18 Or. 1000.
Todavía en el plano de 1883 se ve que un callejón, llamado en 1869 Calle del Cirineo, aislaba el templo de este nombre por el Poniente. El mismo callejón, pero teniendo una forma recta, aparece ya en el plano de 1754. Se llama: el Callejón —Calle que va del Callejón para el Calvario, 1779—; Callejón de Si Francisco —Calle que sube del Callejón de S. Francisco para la capilla de los Plateros, 1788 y 1790—; Callejón de la Capilla del Cirineo —Calle que sube del Callejón de la Capilla del Cirineo para el santo Calvario, casa mirando al Oriente, 1795—. E1 terreno de este Callejón de Almoloya o del Cirineo se vendió en 1891, 1901 y 1903.
La calle arriba del callejón, de la que hablan esas inscripciones, se llamaba la Calle del Obraje de Don Fernando —1788—, o Calle del Obraje —1792—. En esta calle se conocía la casa, nombrada el Obraje, aún en 1861; lindaba al Sur con la casa del Tanque —1788, 1790 y 1861—, propiedad de María Mendívil, esposa de Rafael Mangino. La última finca se hallaba en el sitio donde hoy están los baños de los Sres. Hernández, y colindaba, en 1861, al Sur con los nuevos lavaderos.
Estos, que todavía no existían en tiempos de Veytia —1780—, aparecen con la misma denominación de los nuevos lavaderos en 1806, ubicados “abajo del obraje de don Fernando”; se citan también en 1823 y 1832, y están marcados en los planos de Ordóñez —1849— y de Álvarez —1856—. En 1863 se dice que el Ayuntamiento tiene los lavaderos de Almoloya destinados para el servicio público, aunque hasta entonces las lavanderas preferían los antiguos, cuyo uso se prohibió en ese acuerdo. Los nuevos lavaderos, que usurparon el nombre de los viejos, situados a la orilla del río, subsisten hasta hoy. Abastecíanse de un manantial, como se dice en 1848, tal vez de la antigua Agua Santa, y hasta fines del siglo XIX tenían no sólo la actual entrada por el Paseo, sino también, como se ve en el plano de Ponce —1856—, otra en la C. 12 N. 1400, 1a que ahora está tapada. Entonces servía de asoleadero para las ropas la plazuela al Sur del templo de la Cruz, la cual se extendía mucho más hacia el Poniente. En 1898, las lavanderas presentaron una queja ante el Cabildo de que las construcciones emprendidas en la Plazuela de la Cruz las han privado de lugar donde tender y asolear la ropa.
La mencionada plazuela se nombra de Moreno en el padrón de 1832 —véase C. Adán—, de la Sta. Cruz en 1841, en el padrón de 1902 y en el plano de Soto —1915—, de los Lavaderos de Almoloya en 1841 y 1898, y simplemente Almoloya en los planos de Careaga —1856-1883—. Ya en el padrón de 1823 se cita una cabecera de los lavaderos, que mira al Sur.
La cuadra que lindaba con las espaldas de las casas del Paseo y que corresponde a 1a actual C. 12 N. 1400, se llama Calle de los Lavaderos en el padrón de 1832, los planos de Careaga, y en los Libros de los Censo —1832, 1862 y 1863—; Calle de los Lavaderos o de la Amargura en 1873, por ser el antiguo Viacrucis —véanse C. Plateros y Calvario—; Calle de Almoloya en la Guía de 1852, en 1908 —casa núm. 11—, y en Nieto. En el Croquis Azul, plazuela y calle carecen de nombre.


*Tomado del libro Las Calles de Puebla de Hugo Leicht, págs. 12, 13 y 14.




La vida transformada en piedra

Zaid Lagunas Rodríguez,
Francisco Javier Jiménez Moreno
Roberto Díaz Sibaja


[Los fósiles] Son a modo de viejos
monumentos [que facilitan] el
único medio de fijar algunos puntos
en la inmensidad del espacio y colocar
cierto número de piedras milenarias
en el camino eterno del tiempo

Georges Louis Leclerc
(Conde de Buffon1707-1778)
(En Comas 1976: 29)


La ciencia que nos permiteadentramos en el conocimiento de los seres vivos del pasado se denomina Paleontología. Esta palabra fue acuñada en 1838 por el geólogo inglés Charles Lyell —1797-1875— y deriva de tres vocablos griegos: παλαιός —palaiós—, —antiguo—; νn—, —ser— y λόγος —lógos—, —estudio—; por lo que literalmente significa estudio de los seres antiguos.
La paleontología nació como una afición y en sus albores, se coleccionaban rocas de formas curiosas, minerales y elementos culturales como puntas de flecha y cerámicas trabajadas. El establecimiento de la paleontología como ciencia formal, se dio alrededor del siglo XVIII, aunque su florecimiento se vio en el siglo XIX con el interés renovado en los fósiles gracias a la recién postulada teoría de la evolución por Selección Natural de Charles R. Darwin. Una de las figuras más prominentes en paleontología fue el naturalista francés George Cuvier —1769-1832—, quien creó la anatomía comparada de vertebrados y estableció el principio de correlación orgánica por el cual, los paleontólogos pueden identificar a una especie por medio de restos escasos como un diente.
La materia prima de los paleontólogos son los fósiles, estos elementos son cualquier evidencia de vida preservada por lo regular, en las rocas sedimentarias. La diversidad de fósiles es casi tan impresionante como la diversidad de la vida que los produjo. Existen tres tipos básicos: corpóreos, icnofósiles y fósiles químicos. Los fósiles corpóreos son aquellos en los que conserva el organismo completo o alguna de sus partes. En este tipo de fósiles encontramos huesos, dientes, piel, plumas, pelos, huevos, etcétera. Por otra parte, los icnofósiles son aquellos que preservan evidencias de actividad de los organismos como las huellas, rastros, madrigueras, marcas de depredación, marcas de orina, entre otros. Y finalmente, los fósiles químicos son producto de alteraciones en la composición química natural de un sedimento o roca llevado a cabo por organismos y que puede ser detectado por métodos analíticos.
Los fósiles más antiguos del planeta son fósiles químicos que datan de hace aproximadamente 3,850 millones de años, mientras que los más recientes tienen alrededor de 10,000 años. Este rango representamás del 83% de la historia geológica del planeta, que abarca en total unos 4,600 millones de años. Este lapso se divide en Eones, que abarcan Eras, compuestas de Períodos y así subsecuentemente, hasta llegar a las divisiones locales de rocas en sitios específicos. En este marco, diferentes grupos fósiles son indicadores de lapsos específicos. Por ejemplo, los bisontes extintos de América del Norte representan una edad denominada Rancholabreano, que va de hace 160,000 a 9,500 años.Esta información temporal es el marco de referencia para la paleontología, pues sin ella, los fósiles se convierten en objetos con poco valor científico.
La paleontología moderna incluye muchas ramas de las que destacan la paleontología de vertebrados, la paleontología de invertebrados, la paleobotánica, la palinología —el estudio del polen fósil—, la paleoecología —encargada del estudio de la interacción entre organismos—, la paleopatología —el estudio de las enfermedades en fósiles—, la icnología —el estudio de las huellas y rastros fósiles—, la tafonomía —el estudio de los procesos involucrados en la fosilización—, la paleoantropología —el estudio de los fósiles de humanos y sus parientes—, entre muchas otras. Así mismo, esta disciplina científica también apoya y se apoya a otras ramas de las ciencias naturales como la Geología, la Embriología, la Evolución, la Sistemática Filogenética, la Taxonomía y más. Al no tratarse de una ciencia solitaria y autovalidada, la paleontología es un excelente ejemplo de inter y transdisciplina, fungiendo como puente entre las ciencias de la tierra y las ciencias de la vida.

El estudio fósil constituye una fuente importante de información que permite comprender la historia de la vida en la tierra. Al estudiar los fósiles podemos obtener información sobre los cambios climáticos y ecológicos. Los fósiles también aportan evidencias del fenómeno evolutivo y ayudan a dilucidar relaciones de parentesco entre grupos que hoy parecen inconexos, como es el caso de aves y cocodrilos, que son primos cercanos. Sin los fósiles y su estudio hubiéramos tardado en darnos cuenta que las especies de organismos se extinguen definitivamente y sin esta información valiosa, el mundo actual podría ser drásticamente distinto. Gracias a los fósiles podemos asegurarnos un sentido de identidad y pertenencia que nos liga inexorablemente al resto de la vida en la tierra, enseñándonos que nada es para siempre y que somos sólo una de millones de especies que han existido en esta gran puesta en escena que ha prevalecido por miles de millones de años.




La golpiza a la muerte


Era noche de luna llena, del año 1600, reinaba el sosiego absoluto, familia Meléndez y vecinos rezaban en torno a don José Felipe Meléndez Yelotsin, que agonizaba en su avanzada edad. Sorpresivamente se oyeron aullidos lastimeros de los perros en la calle. Don Juan Camilo Meléndez Yelotzin, violentamente tomó su escopeta y les dijo a los presentes:

— ¡Síganme con palos y lo que encuentren! ¡De seguro que es esa calavera!
Todos salieron del jacal. Asombrados miraron como los perros impedían el paso de la Muerte.
Don Juan Camilo, aventó un tiro y le voló la guadaña. Luego les dijo a los vecinos:
— ¡Qué hacen ahí, bola de tontos que no le pegan. Vámonos alcáncenla!, ¡Ahora no les podrá hacer nada. Quiébrenle los huesos a esa muerta de hambre! Mientras esto decía, él se apoderaba de la guadaña.

Los vecinos y los perros corrían tras ella golpeándola. Unos a otros se injuriaban. A la Muerte le quebraron los brazos y las costillas. Ella les aventó su vaho helado que los cegó momentáneamente. En un esfuerzo que hizo la Muerte se elevó a los árboles y desde ahí les dijo:

— ¡Ah malditos montoneros . Ya me la pagarán uno a uno!
Don Juan Camilo Meléndez, le respondió:

— Cuando quieras. Aquí te espero por tu guadaña, No creas que te tengo miedo ¡ Ja , ja , ja , ja, ja a a a¡ Todos se quedaron aterrorizados de escuchar los quejidos que dejaba escapar la Muerte por la golpiza fea que le dieron.

Después de interminables minutos se internaron al jacal. Don José Felipe, sanó. Don Juan Camilo Meléndez Yelotzin, por mucho tiempo cuidó en todo instante la guadaña. Así durante más de 50 años la Muerte no se asomó por el pueblo de San Pedro Tlalcuapan. La gente vivió muy feliz porque nadien moría.
Cuando la Muerte fabricó otra guadaña, vino por cada uno de sus antiguos golpeadores y desquitó toda su ira.

Colección de testimonios del profesor Isaías Bello Pérez, San Pedro Tlalcuapan, Tlaxcala.



Fue por dólares


Nicolás Dàvila Peralta

Estoy a la mitad del desierto, apenas ayer le daba ánimos a mis compañeros:
—No tengan miedo, si ya cruzamos medio país, vencimos el hambre, la sed, el calor, qué más da unos kilómetros más, ya cruzamos la línea, poquito más allá están los dólares.
Fue el hambre la que nos llevó a los tres hasta la frontera; allá muy lejos se quedaron los hijos, la mujer, los padres; adelante de nosotros está el final del hambre. Cerca de Nogales entramos al norte; pero no sabía entonces lo que nos esperaba. Dicen que el desierto de Arizona se come a los migrantes, a los ilegales que como yo suspiran por los dólares para salir de pobres. Mis compañeros y yo caminamos de prisa al principio; ya estábamos en el norte y pronto encontraríamos el rancho a donde nos dijeron había trabajo.Ahorren agua porque el camino es largo, advirtió el coyote; pero nunca imaginamos la distancia entre la frontera mexicana y el que creíamos era nuestro destino.
Horas y más horas de caminar por el desierto, de avanzar entre el polvo en una tierra roja, entre cerros cortados a tajo como si fueran queso añejo; matorrales y cardones, testigos mudos de las ansias de no sé cuántos migrantes en ese éxodo sin fin hacia el espejismo de la tierra prometida; horas en que el sudor que empapa nuestra ropa lo seca el sol de inmediato.
Llega la noche. Mis pies están ardiendo, las ampollas son agujas que se entierran sin piedad en mis dedos, mis talones, la planta de mis pies. Pegados a una roca tratamos de dormir. El miedo, el frío y la sed nos mantienen alerta. Somos tres, uno es salvadoreño: Romeo; dos venimos de la Mixteca: Federico y yo, Moisés. En la madrugada reiniciamos la marcha. Ya no hay agua y por ninguna parte se ve el rancho prometido.
Hambre, sed cansancio, ampollas es lo que somos; conforme sube el sol la mente se distorsiona, vemos sombras, me mareo, las piernas me tiemblan, tengo ganas de vomitar. No sé a dónde se fue Romeo; escucho la voz de Federico lejana, como si viniera de adentro de un tubo; mis ojos se cierran y parece que estoy dentro de un pozo.
Abro los ojos. ¿Qué pasó con el desierto? Miro alrededor. Este lugar lo conozco, es la casa de mi abuelo.
¿Cómo llegué aquí? No lo entiendo. Estoy en el corredor de la casa, con sus macetas, sus petunias blancas y sus jazmines, igual que siempre, cobijados por el tejado de carrizo y teja, soportando el calor del medio día.
A mi izquierda, la puerta de madera, pequeña como nuestra estatura de sureños; más allá, a mitad del corredor, la mesa que en las noches se llenaba de risas, de llantos, de ternuras y berrinches, de pan y chocolate, de frijoles y salsas y tortillas calientes.
Al fondo, la pared se niega a abandonar el sombrero de palma de ala ancha y el saxofón del abuelo, mudo desde que se le fue el aliento con la vida.
Bajo la vista. El piso sigue igual, el mismo con sus ladrillos gastados. A la derecha, discretos, los agujeros hechos para jugar a las canicas en las tardes de lluvia. Más allá, al otro extremo del corredor antiguo, la cocina con sus pretiles de adobe, sus parrillas tiznadas y el comal y la leña que le da calor a las tortillas.
Todo está como lo dejé hace quince días, cuando me despedí de Aurora y de mis hijos y se los encargué a mi padre que hoy habita la casa del abuelo.
Camino hacia la pieza principal de la casa. Hay unos petates en el suelo. Pegadas a la pared muchas sillas; una son de la casa, de madera sin pintar, pero hay otras que no son de ahí. Son muchas, cuento quince. Hay un altar con un mantel morado, veladoras, flores: gladiolas y nubes. Al centro el Cristo que por años guardó la abuela como herencia de su padre que, nos contaba, había sido sacristán en San Lucas. Debajo de él un retrato. ¡Soy yo!
¿Qué pasa?, me pregunto al momento en que Aurora se acerca. Avanzo hacia ella, quiero abrazarla pero ella sigue de largo, como si no me conociera, es más, como si no me viera. Se dirige hacia mi padre. Él tiene los ojos llorosos igual que ella que lleva en los brazos al niño más pequeño. Los otros dos niños van tras ella. Ninguno de ellos hace caso de mi presencia. Quiero que me digan qué pasa, por qué está mi retrato en el altar, porque lloran, cómo llegue aquí si estaba en el desierto.
Es la voz de mi padre la que responde a mi desconcierto:
Ya están en México. A la noche llega el cuerpo de Moisés.
Fue por dólares y lo encontró la muerte, dice Aurora entre lágrimas.


Acallantepec:
San Miguel Canoa

Gonzalo Carrillo Vivas

En las estribaciones de la montaña Acueyamaltepetl o Malacueyatl, también conocida como Malintzin, la de la falda azul, se estableció un grupo humano de filiación nahua-chichimeca perteneciente al señorío de Cholula. Esta comunidad llevaría el nombre de Canoa proveniente de la palabra Acallantepec nombre náhuatl compuesto por las dicciones acalli o acatl —canoa—, lan —junto a— y tal vez procede también de tepetl —monte o cerro— por lo cual significaría: En el monte de las canoas en donde están los arboles para hacer o labrar las canoas. Estas seguramente que eran muy usadas por los habitantes de la comunidad para conducir en el agua o para dar de comer a los animales.
Esta población abastecía a Cholula de maíz, tlaxacal —tortillas—, leña y proporcionaba guerreros para contender en las Xochiyayotl o guerras floridas, contra los de Tlaxcala.
En los primeros años de la colonia, los frailes de la orden de San Francisco asignaron el nombre de San Miguel al pueblo, este arcángel que con su espada representa la defensa de la religión católica, posiblemente se impuso a esta comunidad por el hecho, como ya se dijo, de que sus habitantes eran militares que defendían las fronteras de Cholula contra la invasión de otros grupos.
Así, durante más de tres siglos se le denominó San Miguel Canonas de los Montes; y a pesar de
que en los dos primeros la población decrece por las enfermedades y los malos tratos de los encomenderos, se congregaron ahí  gente de comunidades aldeanas, ubicados en tlamilpas que actualmente comprenderían los barrios de Yancuitlalpan, Xochintlán, Menetlán, Xixitlán, Xolapan, Hueyotl, la cabecera Huibarrio, —dividido por la barranca— Calyacatl, Tecolalcan, Tizoxocuatl y el rancho Tlalcostepetl.
Los frailes misioneros promueven la edificación de la iglesia en advocación a San Miguel, la que
en el año de 1640 pasa a la administración del clero regular por disposición del obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza.
De esta época colonial existen algunos documentos en el Archivo General de la Nación que nos señalan los problemas que tenían los naturales por la invasión, que ganaderos y agricultores españoles les hacían a sus tierras, cito los siguientes casos: En 1731 exigen —los naturales— la posesión y jurisdicción territorial ante Fernando de Lancastre Noreña y Silva, duque de Linares, virrey de la Nueva España. En 1717 piden que se deslinden sus tierras, litigando contra el español José de León Ramírez, dueño del rancho de, San Diego porque se extendió en sus límites impidiendo a los naturales de San Miguel Canoas del Monte, sembrar, pastorear y cortar madera. Este alegato se prolongó de 1730 a 1745. En 1777-1778, levantaron una queja ante el alcalde mayor de Puebla, el coronel Gaspar de Portalá, representante del Honorable Ayuntamiento de la ciudad de los Ángeles y ante el gobernador de pueblo de indios, demandando jurisdicción privativa en el conocimiento de las tierras y ejido de la misma, con motivo de haberse practicado ciertas diligencias en el pueblo de San Miguel Canoa.
Posteriormente los límites de Canoa quedaron definidos con la Resurrección; la población de Tlaxcala, Villa Vicente Guerrero —San Pablo del Monte y Zitlaltépec— y el Municipio de Amozoc, Acajete. El 9 de marzo de 1824 el Congreso del Estado agrega a San Miguel Canoa el partido de Amozoc. Ya para el año de 1895 era reconocida la población como cabecera de municipio libre; y por decreto del H. Congreso del Estado, el 6 de septiembre de 1962 pasa a formar parte del municipio de Puebla, incorporándose su territorio el 15 de febrero de 1963.
La historia de San Miguel Canoa ha estado muy ligada a hechos religiosos; ya en manos del clero regular, la iglesia se concluyó en 1846 siendo cura el señor Francisco Zarza y, en el año de 1868 el obispo de Puebla, Carlos Ma. Colina y Rubio le dio el rango de parroquia. En 1863, el día 3 de mayo, día de la Santa Cruz, a las cinco de la tarde justo cuando se rezaba el rosario, una centella cae en seco en el templo, esto causó alarma pues no llovía. Este fenómeno de la naturaleza provocó desperfectos materiales al templo. Entonces, por esa fecha se inició la construcción de otro templo, al oriente del antiguo. El vicario capitular de la diócesis, Bernardo Fuentes, colocó la primera piedra. La obra se suspendió de 1914 a 1924, reanudándose al año siguiente.
Tiempo después, con la participación de la iglesia, los lugareños apoyaron a la introducción de agua al pueblo, la construcción de la carretera, la fundación del colegio de artes y oficios, y el arreglo de la parroquia, el zócalo y el cementerio. Hay que mencionar aquí que el cinco de febrero de 1930 el pozo Huitziatl se dejó en propiedad de la comunidad; y en 1958 se construyó la carretera Puebla-Resurrección-Canoa donde intervino el H. Ayuntamiento.

¿Quién no recuerda lo acontecido en Canoa en 1968 por el fanatismo religioso? Este fue la causa del linchamiento de siete excursionistas de la Universidad Autónoma de Puebla. Los canoenses y algunos habitantes de San Isidro Buen Suceso, Tlaxcala, fueron azuzados a que esos jóvenes eran comunistas e iban a robar la imagen de San Miguel. El 14 de septiembre de 1968 golpearon a los estudiantes, cuatro de ellos fueron rematados en el atrio de la iglesia. A don Lucas García, que trató de protegerlos, le cercenaron la cabeza de un machetazo. Tres de los estudiantes se salvaron porque quedaron inermes heridos mortalmente en el suelo fangoso. Más de 20 presuntos agresores fueron consignados y al cura, Enrique Meza P., se le procesó pero al poco tiempo quedó en libertad; la mitra lo trasladó a otro lugar, falleciendo dos años después de los violentos hechos; Canoa I y Canoa II son dos películas que recogen una visión de los hechos.
La fiesta de San Miguel, patrono de Canoa, se festeja el 29 de septiembre con misas y fuegos artificiales. Los días de los fieles difuntos en noviembre, colocan altares con ofrendas, queman incienso, preparan suficiente comida y bebida. Aquí se cocina el tradicional mole poblano en cazuelas de barro y con anafre. También se prepara el pipián de semilla de calabaza, los tamales condimentados con chile, rajas, mole o dulce y los riquísimos tamales de tanipa —yerba santa—.
 Aún se acostumbra beber aguamiel o pulque al natural o curado con frutas. Aunque ya los habitantes son mestizos, casi la mayoría habla mexicano —náhuatl— existiendo un elevado índice de analfabetas.




Historia del café y su importancia social en el mundo

Zarel Muñoz Morales

Después de conocer la historia del café y su cultura, ya nada fue igual, al darme cuenta que en México como sociedad, desconocemos todo sobre este aromático, lo consideramos un producto de ínfima calidad, que quita el sueño, que  sólo lo tomamos para rendir más en el trabajo, no importando la hora del día o por la noche, y que además nos puede causar daño, que debe de ser negro, porque el claro es de mala calidad; que se toma azucarado y si es con una rajita de canela  mejor.
Lo chusco es que lo relacionamos en automático con un velorio; lo consideramos bueno, sólo  porque lo tomamos en un espacio comercial caro y debe ser sin azúcar, porque así lo marcan los cánones; que el café es el mismo y que sólo mejora por el precio o  porque viene en un embace de vidrio o en una bolsa platinada bien diseñada. En México sólo eso conocemos del café, salvo algunos que saben de calidades; el café es como el mejor whisky, a mayor calidad se toma solo o algo parecido al  futbol, es para todas las clases sociales, pero hay calidades y niveles en el mundo.
El café es un aromático con una historia mundial impresionante, de más de mil años, ha caminado con la humanidad sin darnos cuenta, ha estado en sus cambios sociales; no aparece jamás en los libros de historia, pero siempre ha estado como su sombra espiritual, que brinda al cuerpo y a la mente lógica y coherencia sin perdernos, como lo hace cualquier otro estimulante.
Ésta es solo una recopilación extractada del mundo del café, hay versiones y puntos de óptica, pero no se aparta de su realidad, conocer el café desde su nacimiento en un plántula que denominan los campesinos soldaditohoyita; estar al tanto de sus variedades y cualidades, cuáles los  son mejores desde su origen; mezclarse con los cortadores bajo  un  chipi, chipi y un frio  decembrino; verlo caminar en un largo y hermoso proceso de despulpado, lavado, secado, tostado y molido, hasta terminar en nuestra taza, mediante tantas formas de extracción.
El café nace en Etiopia, África, cuna de la humanidad, y no como se cree que es originario de la cultura árabe, principalmente Yemen, fue descubierto de manera casual y entre leyendas; una de ellas, la más conocida, es la del cabrero llamado Kaldi, que al ver que sus cabras no regresaban del bosque, ni con sus llamados, acude a buscarlas, encontrándolas saltando y balando felices, dándose cuenta que comían frutos rojos hoy llamadas cerezas, de un pequeño arbusto; lleno de curiosidad los prueba y se da cuenta que se llena de energía y alegría; intrigado se las lleva a un sacerdote de un monasterio, quien las hirvió preparando una infusión de muy mal sabor, por lo que tira las semillas ya limpias  al fuego, empezando a quemarse y llenando el ambiente de inigualable aroma, saliendo por primera vez el espíritu del café como hasta nuestros días. Las sacó de la lumbre y las puso a hervir, sólo para degustar  una bebida prodigiosa.
Otra es la de un tribu llamada Kaffa o algo así, por lo que algunos piensan que de ahí proviene su nombre; una leyenda más cuentan hasta nuestros días los jefes ancianos de esta aldea: una ocasión tres jeques de nombres Abeel, Tona y Baraka,  se internan al bosque buscando a dios, pero pasan los días y a punto de morir dios les da el café y los salva, regresando a la aldea dándolo a conocer, esta tribu come el café molido con grasa, haciendo una bola como del tamaño de una pelota de beisbol, que les permite estar despiertos y activos.
El café no podía permanecer escondido tanto tiempo, nació para la humanidad; los comerciantes lo llevan por primera vez cruzando el Mar Rojo a Arabia, por el siglo V, y llega al puerto de Moca en Yemen, es ahí donde comienzan a producirlo y extenderlo al mundo árabe.
A ciencia cierta no se sabe el origen del nombre del café, algunos dicen que fue por la aldea citada anteriormente, llamada Kaffa, otros que viene del vocablo antiguo Cahue, que quiere decir vino o té de plantas, en fin, hoy café es café en todo el mundo.
Este grano continúa su recorrido, ahora hacia Constantinopla, donde se tienen los antecedentes de las primeras cafeterías públicas en el mundo; Turquía toma el control del café y lo comercializa de una manera muy celosa, se vendía sólo tostado, para que en ningún lugar lo produjeran.
Donde aparecía por primera vez, el café siempre ha sido  motivo  de controversia: los árabes lo consideraban una droga, los musulmanes lo prohibían so pena de muerte. Los cafés eran centros de reunión de conspiradores, pensadores y  liberales que no estaban de acuerdo con la marcha de la sociedad; centros de perdición donde había droga y prostitución y donde únicamente acudían hombres.
La llegada del café a Europa fue cuestión de tiempo y casualidades, una de ellas es que un sultán y su ejército  estaban por irrumpir en Viena y era necesario atravesar sus líneas para pedir ayuda a Francia; visten de árabe a un polaco llamado Kochinski que había convivido con ellos y hablaba su lengua, logra atravesar las líneas pidiendo la anhelada ayuda y logran vencer a los sitiadores.
Ya en su huida dejan muchas cosas, entre ellas el café crudo que querían quemar, pensando que eran heces de camello, Kochinski les pidió que no, que era café, que se lo dieran. Posteriormente abre el primer café en Viena llamado La botella azul.
Otra versión es que un inmigrante hindú llamado Baba Budan, quien residiendo con los árabes, se pega a su estómago siete semillas de café, y las pasa de contrabando a la India donde las plantó, prosperando algunas plántulas del cafeto; aprovechando los holandeses esta situación lo llevan fácilmente a Ámsterdam donde lo estudian.
Una más menciona que mercaderes holandeses lo llevaron del puerto de Moca, en Yemen, tratan de mejorarlo en centro botánico de Ámsterdam, pero les es difícil por el  clima que priva en ese país, lo llevan a sus colonias como Java, en primer lugar, y después a Indonesia y Ceilán, donde prospera de manera formidable, esclavizando a los nativos, convirtiéndose en los principales exportadores de café; de una u otra forma el camino del café ya nadie lo detiene, para 1683, los cafetos de Moca y Java abastecían ya el marcado europeo.
En Francia el éxito del café fue gracias a su fácil acceso económico y a sus virtudes biológicas que son mejores que alcohol, ya que los mantenía calientes y activos; así como una moda árabe de ese momento, ya que las mujeres imitaban formas de vestir de aquella época, misma  que llevó un sultán turco, como el turbante, sentarse en cojines, las finas  telas que importaban, por nombrar algunas.
Pero la más importante fue entre los siglos XVII  y  XVIII, con Luis XIV, cuando la gente tomaba vino y cerveza sin distinción de edades y sexos, por el gran problema de las pestes como el cólera, era más sano tomar esas bebidas que agua y enfermarse, todas la personas todo el tiempo andaban borrachas; el café mantenía en forma pero sin daños a la salud, era  económico y sobre todo agradable, el café los tenía con la cabeza despejada.
El primer café en Francia lo abrió el Italiano Procopio del Cartell, el famoso Le Procop, en 1686. En los cafés se debatía, se sociabilizaba, se alargaban las pláticas, el conversar era un arte, los cafés los consideraban teatros con vida: todos te ven, rodeados de gente no alcoholizada, se entablaban platicas y  relaciones de todo tipo: amorosas, negocios, religión, se hablaba de política; frente a unas tazas de café se maquinaron las estrategias de la Revolución Francesa y su victoria.
Si observamos, hoy pasa lo mismo, sin darnos cuenta el café ha estado presente siempre en los cambios sociales, no distingue religiones, razas, ni clases sociales.
Los Italianos son los que perfeccionaron las técnicas del café, después de una dura resistencia de la Iglesia católica que lo prohíbe por su origen árabe, lo asocia a una bebida del diablo, considerándolo una bebida impura, ya que el vino es la sangre de Cristo, pero el papa Clemente VIII —1592-1605—, aficionado al café, quita esa disposición y dicen que lo bautizó y purificó.
Para 1720 ya había como 200 cafeterías en Italia, principalmente en Venecia, entre las más conocidas La Florián, donde acudía el músico Giuseppe Verdi y los ricos o burgueses, el Labena de Carlos Labena, en donde sólo concurrían turistas y extranjeros como Richard Wagner, era como un club de músicos.
Los italianos enriquecen la cultura del café y sus variantes de extracción, ahí es donde nace el mundialmente famoso expresso, el alma del café con menos cafeína: una excelente máquina saca por peso, presión adecuada, temperatura y en tiempo preciso todo lo bueno del café, quedando afuera de la taza lo malo, eso afirman los italianos y no están equivocados.
Del expresso nacen todas las variantes y preparados de café, como el famoso capuchino, en honor a los monjes del mismo nombre; al café se le consideró como un afrodisiaco excelente.
En Europa se pelean la primicia de quién fundó el primer café, pero hay datos que fue en Inglaterra donde abren el primero, paradójicamente, donde actualmente toman más té, montado  por un emigrante judío-libanés, que lo llamó The Engels, en 1652, en Londres.
En aquel tiempo el café prosperó gracias a que los comerciantes podían cerrar negocios sin alcohol, acudían aseguradoras, capitanes y marineros y se enteraban de las noticias comerciales del mundo, así como de noticias políticas y sus  detractores de primera mano.
Ahí comenzó a circular una revista llamada Tarletts, con panfletos y contenido sacados de las mismas cafeterías, incluso las llamaron universidades de a penique, ya que eso costaba una taza de café; también surge ahí la costumbre de dar propina en un frasco etiquetado, donde los consumidores lo hacían para ser atendidos más rápidamente.
Hacia el siglo  XVIII las mujeres de sociedad no acudían a estos sitios, por ser reunión de puros hombres, razón por lo que los llamaban lugares de homosexuales, ahí mismo llegaban prostitutas y era obvio, cuando llegaban los maridos a sus casas las señoras se quejaban que no querían tener relaciones íntimas, siempre les decían: disculpa, es que me tome un café y lo comenzaron a difamar como una bebida que generaba impotencia, si supieran.
Se atrevieron a sacar  revistas que comentaban que los hombres llegaban con la nariz mojada y las articulaciones duras así como las orejas erguidas, todo un folclore social; razón por la cual comenzaron  a crearse salones donde sólo acudían mujeres con sus niños y algunos varones, así como  amistades, a conversar, donde solo tomaban té.
Después este hábito pasó a las casas. Para los comerciantes fue más práctico y generador de un mejor negocio: comprar té a China y algunas otras colonias, para solo hervir y servir, no se tenía que tostar, generando una gran ganancia, con menos tiempo e inversión, motivos por los cuales en Inglaterra progresó la cultura del té, por arriba del café, sin mencionar que fueron muy malos en la preparación del mismo.
Hay antecedentes que en 1583 el alemán Leonhard Kauwlf  hizo la primera descripción del café: para 1700 en Europa se consumían 225 mil kilos, cien años después el gusto se multiplicó en serio, produciéndose 45 millones de kilos de café para satisfacer la demanda, solo un producto como este aromático lo podía hacer, todo lo comentado es solo una parte superficial y súper extractada de su paso por el antiguo mundo.
Cómo llega el café al Continente Americano, todo mundo pregunta, arriba de una manera romántica, por culpa del teniente francés Gabriel Mathiew de Culiet, quien conquistando a una dama de la aristocracia del palacio, según se dice era la amante del rey, logrando que ésta le diese seis plántulas de café, algunos que sólo una, las trae a las colonias francesas en América sorteando en un sinfín de penurias, compartiendo su dotación de agua para regarlas.
Sumando las agresiones de un envidioso holandés, que no quería que fuera Francia quien tuviera el honor de traer el aromático a América, sin contar con el ataque de unos piratas y una tormenta; llegando por primera vez al Nuevo Mundo a la Isla Martinica, seis o una plantas de café, que son las madres de todas los cafetos que se distribuyeron en tierras americanas, principalmente en Brasil, Colombia, Honduras, Guatemala, Haití, Cuba.
A México llegó para quedarse, y eso es lo que importa, lleno de historia y magia espiritual, con su  incognito nombre y cualidades sin igual: fragancia, aroma, sabor, cuerpo, acidez y demás, qué sería el mundo sin ti.
Porqué el café es una planta sin igual, basta decir que es uno de los productos vegetales más importante en el mundo, este aromático tiene un proceso, donde intervienen miles de personas, todas ellas importantes; dividido en varias fases conectadas milimétricamente, en una cadena perfecta de tiempo, más o menos de un año, comenzando con una variedad especifica de cafeto, descendiente de las especies Coffea Arábica o la llamada Coffea robusta, pertenecientes a la familia de las rubiáceas, plantadas en una tierra fértil, altura y clima adecuado, bajo los  cuidados del campesino para su crecimiento y cosecha.
Amén de un proceso adecuado de secado, con una humedad de 11 a 12 grados para almacenar en pergamino; si es lavado, natural o el llamado Honey; el meticuloso tostado, hecho por un experimentado perito  en la materia, que puede dañar o mejorar el café, donde la última palabra la tiene el experto catador, quien le da su real calidad y nos dirá cuál es el mejor café del mundo y sus regiones, por sus altos perfiles y notas, como lo hablan en el lenguaje del café, y que asemeja al mejor vino.
Terminando con el llamado barista, profesional especializado quien en su estación y dotes de chef de la bebida, hace filigrana de la misma, para deleitarnos con sus mil combinaciones.
Semilla aromática, cuya infusión provoca que después del agua, sea lo que más se toma en el planeta; que moverás después del petróleo la balanza comercial del mundo, para beneficio de unos cuantos y manteniendo en la pobreza a quienes han realizado el trabajo duro, por cientos de años.
Esta es la parte histórica del café y su camino  a través de la vida social y económica del mundo, y que de manera inadvertida pero importante, ha estado siempre en la historia del hombre.



Poema de un anciano nahua de Cuetzalan*


En un viaje realizado a Cuetzalan en septiembre de 1993, tuve la fortuna de conocer y platicar con la señora María del Carmen Salazar O. de López, gran conocedora de su región, de la lengua Náhuatl y entusiasta recopiladora de sus costumbres.
En uno de sus libros donde guarda sus recuerdos, antiguas fotografías y relatos de su pueblo, que tan amablemente me permitió revisar, encontré el poema que en seguida transcribo, el cual me gustó sobremanera, y al interrogarla sobre él, me dijo que en una ocasión platicando con un anciano nahua, le preguntó que cómo había enamorado a su esposa, y esta fue la respuesta:

AMO HUELI NI QUELCAHUA MO QUELNAMIC

AMO HUELI NI QUELCAHUA MO
QUELNAMIC; NIMITZ HUICA IGTI NO
YOLOTL

XI NOCHILHUI QUE SENIC TI NOCH
TA SOGTA QUEME NEJUA NIMITZ TAZOGTA

NICNEQUI NICYECAS IN TZOPECTI
MO PIPITZALS; MI CAQUIS NEQUE
MO TOGTOL QUE ME YESQUIA IN
TAPITZANI IN ILHUICAC.

Castellano
NO PUEDO OLVIDAR TU RECUERDO; TE LLEVO DENTRO DE MI CORAZÓN

DIME QUE ME QUIERES COMO YO TE QUIERO

QUIERO SABOREAR LA DULZURA DE TUS BESOS, QUIERO OIR TUS
PALABRAS COMO SI FUERA MÚSICA
DEL CIELO.

 * Presentación y título del poema: Zaid Lagunas Rodríguez. El original no tiene título. La versión en náhuatl y su traducción al español las realizó la señora María del Carmen Salazar O. de López, a quien le expreso mi más profundo agradecimiento.



Rumiando pasados
temiendo soledades

Hermila Ramírez Dávalos

Ladridos en agujas
alargando la noche

Espiando sombras
respirando a pausas
pisada tras pisada

Con la certeza helada
de no mirarse en nada

Un brazo se cruzaba
buscando al otro brazo
para sentirse igual
de acompañado

Con la mano sujetando latidos
atravesando fríos
llegué a tu soledad
tu mundo es de otro reino

Las palabras se cortan
dando tumbos
saltando obstáculos
y los sentidos se alejan perseguidos
por el filo cortante de tus ojos

Un silencio nos juzga y nos sentencia
en vano tanta luz

Desconocida en ti sin conocerte
verdad a medias
paloma herida
sin el coraje que pudiera valernos
un poco de odio
ni amigos ni enemigos

Atrapados en esta doble vida
años noches días
hasta encontrar un no desesperado
y recuerdos que crecen
y dan sombra




La Palabra

No recuerdo cuándo ocurrió esta experiencia, pero debió haber sido al principio del 61 o finales del 60 del siglo pasado, cuando Zito Vera Márquez y Antonio Pérez y Pérez pusieron una exposición de caricaturas en el salón de los Juniors, en un edificio de fachada de ladrillo sin azulejo, a un costado del Paseo Bravo.
Tres moneros de la ciudad de México exponían: Eduardo del Río García Rius, un tal Rocha, que unos años después esquiroleó a Rius al tratar de hacer Los Supermachos, por cierto nada tiene que ver con el excelente caricaturista Gonzalo Rocha, y alguien más que no recuerdo.
Al término de la exposición, Zito y Antonio Pérez, dirigentes del Bloque Liberal Universitario,invitaron a Rius a cenar unos tacos, fuimos con Pepe Grillo, en la 16 de Septiembre, y platicamos mucho, al final Rius comentó: saben qué cabrones, Puebla es una ciudad demochos, donde hay cuatro o cinco liberales y están frente a mí.
El movimiento de Reforma Universitaria en la UAP, había puesto en cuestión no sólo la deplorable situación académica, también la sucesión de la dictadura avilacamachista  por el último de ellos, el general Rafael Ávila Camacho, que dejó en manos de un recolector de impuestos de nombre Fausto M. Ortega, quien no cumplió su periodo, supliéndolo el respetado abogado Arturo Fernández Aguirre, quién tampoco pudo desactivar el movimiento reformista.
En el siguiente periodo constitucional el PRI puso a otro general de nombre Antonio Nava Castillo.
El periódico estudiantil La Palabra, donde fue publicada en toda la plana la caricatura de Rius lo cual muestra la influencia de que ya gozaba, tiene fecha de julio de 1966, pero también indica que dicho general y su represión en contubernio con el Frente Universitario Anticomunista y la ultraderecha poblana, fracasaban en octubre de 1964 en descarrilar la Reforma Universitaria.
En octubre de 1964 el general Nava Castillo es derrocado por los universitarios y el pueblo, en su lugar es nombrado el ingeniero Aarón Merino Fernández. El cartón de Rius explica con toda puntualidad una de las características del modo de gobernar del PRI: el hacer caso omiso de la realidad y simular que no había pasado nada,  y que la modernidad y el progreso continúan, los panistas más modernos en su  llamada transición, para negar la realidad dicen es sólo percepción.
Desde aquella exposición en Puebla, Rius mantuvo una generosa y solidaria amistad con los estudiantes revolucionarios poblanos, no sólo colaboró con el periódico La Palabra de la juventud comunista mientras tuvo vida, también dibujó el cabezal del periódico de fábrica  La Comisión de Prensa, de un grupo de obreros automotrices verdaderamente independiente en la VW de Puebla.
Imposible olvidar el extraordinario aporte de Rius a la divulgación de la ciencia política en miles de jóvenes mexicanos de aquellos años en los que la posibilidad de liberación de nuestro país la mostraba Cuba a sólo 90 millas del imperialismo. Con él perdemos el humor político en fantásticas caricaturas mexicanas y nos deja la sonrisa de su sátira para esta plaga de políticos que piensan que sumidos en su bárbaro cinismo se salvarán y que no pasa nada.




Mexica tiaui, mexica tiaui…
Mexicanos adelante, mexicanos adelante…

Francisco Ortiz Ortiz y Naval

En la invasión que encabezó Hernando Cortés a América, al llegar a México-Tenochtitlan fue recibido con cortesía y  precaución por los tlatoanis mexicas, y la oposición de Cuitláhuac , sin embargo Cortés correspondió con felonía a este trato diplomático y apresó a Moctezuma y a varios miembros  de la nobleza mexica, entre los que se encontraba Cuitláhuac.
Pedro de Alvarado ejecuta la  matanza del Templo Mayor repitiendo la matanza de Cholula, que subleva a los mexicanos.
 Ante la situación creada, Cuitláhuac es liberado por los españoles  para calmar a los mexicanos sublevados, muerto su hermano el emperador, al parecer por los propios españoles el 29 de junio de 1520.
Cuitláhuac es nombrado por los sacerdotes mexicas como nuevo emperador, organiza la defensa de Tenochtitlan y expulsa a los españoles  al  imponer una gran derrota a las fuerzas de Cortés la noche del 30 de junio siguiente, conocida popularmente como la Noche Triste  para los españoles y las lágrimas que dicen que vertió Cortés en el ahuehuete de Popotla.
El 17 de septiembre siguiente, alrededor de los cuarenta y cuatro años de edad Cuitláhuac, recibió el copilli (diadema) que lo consagró como nuevo emperador, sucesor de su hermanoMoctezuma.
Cuentan que el ascenso de Cuitláhuac al poder se celebró con el sacrificio de los prisioneros españoles, cuyas cabezas quedaron en el Tzomplantli. Como relata Bernal Díaz del Castillo que dijeron los sacerdotes: Cuitláhuac no será de corazón tan flaco que le podáis engañar con palabras falsas como fue a su buen Moctezuma. Fue él quien nombró a Cuauhtémocsu sobrino, jefe de los ejércitos aztecas que enfrentarían la invasión.
Los invasores, entre otras muchas cosas, trajeron la viruela, en  los pueblos de Mesoamérica no existía y por supuesto su organismo carecía de autodefensa, desencadenando con ello sin proponérselo la primera guerra biológica, miles  de indígenas americanos murieron y Cuitláhuacfue uno de ellos, el 5 de diciembre de 1520.
Por cierto que en ese tiempo en América y en el mundo tampoco existía el capitalismo, sus prolegómenos se daban en una de sus periferias, Europa.
Interesante esta experiencia  de la humanidad, ya que si no existía la viruela en una parte del planeta, se podía extirpar de él para siempre.
Y sí, el ser humano ha hecho un gran esfuerzo y con su inteligencia ha combatido a la viruela por siglos  venciéndola, al parecer ha sido erradicada.
 Viendo lo que el capitalismo le ha causado a la humanidad y que puede destruir la civilización misma, incluso el planeta, y que no ha existido siempre, también podríamos desterrarlo para siempre.
Pero volvamos a 1520 y a la Gran Tenochtitlan. El pendón que Cuitláhuac enarboló, su bandera que ondeó esa noche del 30 de junio frente a los invasores era importante no sólo para la cultura mexica, y todos los pueblos originarios de México: representa la cosmovisión, filosofía, armonía consigo mismo y con la vida: es un águila de frente posada en el nopal y tres montes que simbolizan la Triple Alianza de Texcoco, Tenochtitlan y Tlaco pan. En el pico se observa el signo Atl-Tlachinolli; todo esto en el centro de una flor al parecer una dalia mexicana simbolizando al Sol.
No es una serpiente la que está en el pico del águila, sino el  Atl-Tlachinolli: agua y fuego, dialéctico diseño serpentino que armoniza una llama y un fluir de agua. Lo que sintetiza la dualidad: la energía que da el calor, la luz… la llama de la vida, y el agua que fecunda la Tierra.
Entre ambos supuestos contrarios está la armonía, el breve equilibrio que hace posible la vida y la existencia de todo cuanto existe(1).  La vida, sobre todo hoy, que matanzas cotidianas de mexicanos que este Estado de canallas hace o convalida, parece no importarle, la vida es una verdad vista y vivida por nuestros antepasados y por nosotros.
En 1973-75 se  supo que el sacerdote Ignacio Romero Vargas Iturbide, siendo secretario particular del papa, la encontró en el Archivo Secreto Vaticano. Importante hallazgo para los mexicanos que nos devuelve parte importante de nuestra identidad y da cohesión y visión profunda al ser de los mexicanos. El escudo actual  es diferente al de Cuitláhuac  que nos parece que expresa con mayor exactitud la escancia de nuestros  pueblos.
A pesar de todo: ¡Mexica tiaui! ¡Mexica tiaui!: Mexicanos adelante, mexicanos adelante…grito de guerra de Cuitláhuac ante los invasores.





El autor, la obra; la obra, el autor

Hernándo Ruíz Córdoba

bulevar dedica este número a su gran amigo Adalberto Luyando Lares, su colaboración desde el nacimiento de esta revista le dio el sello inconfundible: una publicación de fotografías.
Preside la portada un detalle nocturno de la calle intermedia entre la plazuela y el templo del poblano barrio de Analco. Es una de las fotografías publicadas en su libro Puebla de los Ángeles hecha por los hombres, que prologó Raquel Tibol.
Cada creador define su obra al elegir las técnicas y los instrumentos con  que se expresa. El maestro Luyando eligió una cámara réflex, la gama infinita entre el blanco y el negro, y no utilizar flash.
¿Entonces cómo tomó la fotografía nocturna del barrio de Analco?
En una de tantas pláticas con don Adalberto en su casa frontera con La Piedad, la charla derivó hacia su trabajo. Para ilustrarla tomó de su librero Puebla de los Ángeles… fueron pasando las imágenes para asombro del interlocutor hasta llegar a la citada imagen:
¿Cómo tomó esta?
Una sonrisa traveseó en su rostro, como el mago que fue puso suspenso a la respuesta, resintiéndose a revelar su secreto. Después de la pausa interminable contó la historia detrás de la obra:
Una vez, cercana a la medianoche, la señora que me atendía, más que alarmada, dijo: señor Luyando lo buscan unos policías. Dejé el libro que leía, tomé mi equipo y salí.
La señora ignoraba que le había pedido al inspector de policía seguridad para tomar fotos nocturnas de Puebla. El amable funcionario envió dos patrullas, una para trasportarme y otra para escoltarnos.
Recorrimos las calles oscuras. Llegamos al viejo barrio de Analco y me gusto ese ángulo, pero cómo tomarlo. Entonces se me ocurrió iluminar la cuadra con los fanales de las patrullas. Así tome esa imagen que después trabaje en el cuarto oscuro.
Adalberto Luyando Lares vivió más de nueve décadas, un artista a la altura de la prosapia de Puebla, fundada por los españoles donde los cholultecas tenían la pequeña población de Cuitlaxcoapan —Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México—
Una ciudad, un artista, una obra, un barrio, Analco, la parte más pequeña o la barriada que está del otro lado del río que atraviesa un poblado. Del mexicano atl, agua, nalli, al otro lado, -co, partícula locativaDiccionario del Náhuatl en el español de México—.
Hugo Leicht Meyer en su celebérrima obra Las calles de Puebla, citando a Miguel Cerón Zapata, escribió: los pobladores del Barrio de Analco fueron habitantes de la Mixteca. En 1625 la Ciudad concedió dos manzanas de este barrio a algunos naturales de Tlaxcala.
Luego de avecindaron varias familias españolas y se construyó el puente de Analco —1626—.
Mientras que la plazuela, desde el padrón de 1832, se llama invariablemente de Analco, En 1759 se puso la fuente, habiéndose servido los vecinos antes únicamente de pozos.
La fuente fue quitada en 1925 y regalada al pueblo de Xonacatepec. En 1928 se puso en su lugar una había estado en La Merced. En 1912 se trasladó hacia aquí el mercado de la Plazuela de Los Sapos.